Mientras muchos festivales aparecen una vez al año y desaparecen del radar, BOGOSHORTS lleva más de dos décadas defendiendo el cortometraje como un espacio de libertad, experimentación y encuentro. Ahora, con una nueva alianza que conecta al festival con el ecosistema de Cannes, el corto colombiano vuelve a ocupar un lugar importante en la conversación internacional. En diálogo con La Matarina, Jaime Manrique habló sobre el crecimiento del festival, el valor del cine en formatos cortos, la relación entre música y audiovisual, y la necesidad de seguir construyendo comunidad alrededor del cine más allá de las plataformas y los algoritmos.
La Matarina: BOGOSHORTS acaba de consolidar una nueva alianza internacional y hoy tiene presencia en escenarios como Cannes, los Goya o los Óscar. Después de tantos años de trabajo, ¿Cómo se construyen esas alianzas y qué significa realmente para el cine colombiano y latinoamericano abrir esos espacios de circulación internacional?
Jaime Manrique: Sí, esto ha sido un proceso muy largo. Yo llevo más de 30 años trabajando en el sector audiovisual y BOGOSHORTS ya cumple 24 años. Y en todo ese tiempo uno entiende que el gran reto es ayudar a que los talentos nuevos no tengan un camino tan duro. Que puedan encontrar más rápido opciones de financiación, conexiones afuera, espacios donde mostrar su trabajo y entender cómo se mueve el cine en otros países.
Pero esas relaciones no aparecen solamente porque uno trabaje mucho. También hay que generar confianza. Y esa confianza se construye haciendo bien las cosas, manteniendo la calidad del festival y siendo coherentes con lo que defendemos. Sin embargo, las confianzas no se construyen solo porque trabajes mucho o decidas hacerlo, sino porque tiene que haber detrás un respaldo, y ese respaldo es la calidad con la que hacemos el festival.
El cine existe para hablarle al mundo y no solamente para que lo vean las personas que hicieron la película, sino para que pueda ir mucho más allá.
El cine necesita viajar, encontrarse con otros públicos, circular. Y gran parte de lo que hemos hecho desde BOGOSHORTS ha sido eso: abrir puertas y crear alianzas para que los cortos colombianos y latinoamericanos puedan llegar más lejos. Al final, nuestra carta de presentación termina siendo el talento colombiano y latinoamericano, porque si no hay cortos y si no hay gente haciendo cosas bellas y maravillosas, esto no tiene sentido.
La Matarina: Muchos directores que hoy hacen largometrajes siguen regresando al cortometraje. ¿Por qué crees que el corto sigue siendo un espacio tan importante dentro del cine y qué tiene ese formato que hace que tantos realizadores vuelvan a él?
Jaime Manrique: Creo que hay varias cosas para reflexionar al respecto. La primera es entender que el cine nació con cortos. Lo primero que se hizo en la historia del cine fueron cortos. Los trabajos de los hermanos Lumière y de los primeros cineastas que estaban experimentando con el lenguaje y con la imagen fueron cortos.
Entonces, el corto, de alguna forma, no es el hijo pequeño del cine: es la mamá de todos. Y eso es importante tenerlo en cuenta porque a ese lugar se vuelve siempre, porque, como tú dices, es el espacio de la libertad.
Cuando un creador tiene una película de largometraje o una serie, lo que tiene detrás son demasiados compromisos. Muchos de esos compromisos son de audiencia. Y en los compromisos de audiencia hay que dejar feliz a mucha gente.
En los cortos no. Hay que buscar lo que el alma propia y el espíritu de esos creadores necesita sacar adelante, sin tener que estar negociándolo con productores y equipos gigantes, con mucho dinero detrás, donde se necesita responder a unos objetivos más comerciales.
Entonces, el cortometraje siempre será el lugar de la libertad. Y, como lugar de la libertad, es el lugar al que se regresa siempre, porque ahí existe la posibilidad de ser realmente. En los otros procesos hay otra cantidad de caminos necesarios: la subsistencia, la sostenibilidad, la fama, el respeto, el éxito. Pero este es el lugar esencial del pensamiento cinematográfico. Por eso, para nosotros, es vital mantenerlo. A veces, en Bogotá, nos dicen: “El festival se está haciendo tan bien, ¿por qué no le meten largos?”. No, no, no, porque el espíritu no es ese.
El espíritu es entender cómo en los formatos cortos existe un potencial gigantesco.
Ahora, cuando dices que los directores vuelven, a veces suena como si fuera un ir hacia atrás, ¿no? Claro. Y te lo pongo en términos de un ejemplo artístico. Cuando piensas en la literatura, hay alguien que hace novelas, pero si en un momento se encuentra una historia que solamente da para un cuento, ¿por qué la va a alargar para hacer una novela?
Es un cuento y funciona como cuento. No necesita generar elementos ficticios que lo alarguen solo para que se pueda vender como novela, porque terminaría dañando esa novela y ese cuento que tenía potencial.
Y eso también nos hace darnos cuenta de que hay muchos largometrajes pésimos frente a muchos cortos maravillosos, y muchos cortos que son extraordinarios frente a procesos de largometrajes en los que se ha gastado muchísimo dinero.
Creo que lo que hay que entender es que los formatos no son una camisa de fuerza. No se trata de ir y volver; se trata de vivir en paralelo. Y vivir en paralelo significa que un creador, así como puede pintar un cuadro grande, puede pintar uno pequeño. Es su necesidad de expresión la que dirá cuál es el formato en el que necesita moverse.
La Matarina: Muchas veces desde afuera se piensa que hacer un cortometraje es más sencillo por la duración. ¿Por qué el corto sigue siendo un proceso tan complejo e importante dentro del cine?
Jaime Manrique: Hay algo que pasa con el cine y que no pasa igual en otras artes: hacer una obra audiovisual requiere muchísima energía. Y no hablo de talento, conocimiento o experiencia, hablo de energía humana, energía técnica y energía económica. Entonces, en términos de energía, es demasiado alta para probar cosas, esto con relación a otras artes.
Si tú quieres escribir un cuento que necesitas, lápiz y papel, un computador, escribes un cuento, ¿cierto? Si tú quieres pintar un cuadro que necesitas, pues un lienzo y pruebas. Y si tú quieres hacer una canción y tienes el conocimiento, pues puedes empezar a componer con una partitura. Pero en el cine no funciona así. Pues si tú quieres hacer una película, un cortometraje, necesitas un guion, necesitas gente, necesitas producción, necesitas alimentación, necesitas locaciones, necesitas transporte, necesitas tiempo para desarrollar eso. Y entonces, toda esa energía hace que las personas no puedan pensar de una vez en hacer un largometraje.
Cuando tú haces un mal cuento, sencillamente lo rompes y al siguiente y sigues probando. Pero tú no puedes hacer lo mismo [con una obra audiovisual], “es que hice un corto esta semana y me quedó mal y la otra semana hago otro”, porque no te puedes gastar 10, 20, 30, 50 millones de pesos cada semana en probar. Entonces, esto sigue necesitando ejercicios de laboratorio, de experimentación, de procesos, de solidez.
La Matarina: Y además el cine nunca es un trabajo individual. Uno ve los créditos y entiende eso de inmediato. Detrás de una película hay un montón de gente haciendo posible que eso exista. A veces uno solo ve a los actores o al director, pero en realidad hay un equipo enorme sosteniendo todo. Y eso también es bonito del cine: que termina siendo una construcción colectiva.
Hay algo que también me gusta mucho de BOGOSHORTS y no sé hasta dónde sea también un gran catalizador: incluir el mundo de la música. Ya sabemos que hay muchos videos musicales que uno ve y dice: “Sí, esto es una película, esto es maravilloso”. Ustedes tienen una apuesta bien interesante por los videoclips. ¿Cómo les va?
No sé cómo sienten ustedes que, dentro de la industria del cine, cada vez hay más interés por hacer otra forma de arte desde el video. Ya tenemos lo musical en la canción; ahora hagamos otra forma de arte en el videoclip. ¿Cómo es esa relación?
Jaime Manrique: Yo tengo dos respuestas al respecto. La primera es que BOGOSHORTS apunta al formato corto y, dentro de ese formato, apenas se está haciendo conciencia de todas las implicaciones que tiene mirar un mundo creativo. A mí siempre me ha parecido muy necesario construir líneas de diálogo con otras artes. Y tienen que ser respetuosas. A veces, la gente piensa que el arte que hace ya sea escribir, dibujar, hacer música, escultura o danza, es el más importante porque es el suyo. Pero la realidad es que todas las artes están dialogando todo el tiempo y ese diálogo es lo que permite nuevas expresiones.
En ese sentido, yo siempre pienso que BOGOSHORTS tendría que ser un lugar donde, con la excusa cinematográfica y a partir de los cortometrajes, todas las artes confluyan.
Por eso hemos hecho apuestas desde la literatura, la fotografía, la ilustración y, por supuesto, la música. No solamente desde la competencia de videoclips, sino también desde la banda que se escoge para la inauguración o espacios como la Noche Frankenstein, que es un concierto con cortos.
Los tejidos tienen que ser más profundos. Y, aunque somos de los pocos festivales que intenta construir esos cruces más amplios, siento que todavía falta muchísimo por hacer. Y, particularmente en el caso del videoclip, me parece clave entender algo: nosotros no trabajamos solamente por el cortometraje cinematográfico, sino por algo que yo llamaría las industrias del formato corto. Porque el formato corto va mucho más allá. Ahí entran los videoclips, claro, pero también el corto periodístico —que empezamos a trabajar desde el año pasado como competencia—, el corto publicitario, las piezas audiovisuales para redes sociales y las series web de capítulos cortos.
La mirada es mucho más amplia. No es solamente “gente haciendo cine”. Es toda la expresión audiovisual desde los formatos cortos.
Y el videoclip, además, ha sido un lugar muy importante para muchos directores de cine. Spike Jonze, por ejemplo, comenzó haciendo videoclips. Y podría nombrarte muchísimos casos más. Ahí también se han construido relaciones muy importantes entre música y cine. Los primeros videos de Nine Inch Nails, por ejemplo, terminaron conectando luego con películas como Fight Club. Todos esos cruces son conversaciones que también necesitamos fortalecer en Colombia y Latinoamérica.
La Matarina: Ya para terminar: para la gente que quiere explorar cosas distintas, que de pronto no quiere sentarse dos horas y media frente a una película, ¿dónde puede ver cortos? Yo sé que Netflix tiene algunos, pero ¿qué plataformas recomendarías?
Jaime Manrique: Yo creo que hoy estamos viviendo una explosión exagerada de contenidos. Y cuando eso pasa, el problema más grande es la curaduría. Tú puedes entrar a YouTube y buscar cortometrajes, pero te vas a encontrar incluso con mucha basura. Dentro de esa basura habrá cosas maravillosas y habrá cosas horribles y habrá cosas que no aporten y habrá cosas que realmente tengan un sentido más profundo.
Y así como existe, ese universo gigante, lo que está pasando al mismo tiempo es que ese universo ofrece muchas oportunidades para los cineastas. Como se están produciendo más cosas, existen al mismo tiempo más canales. Ahí es donde un festival se vuelve importante. Se va generando un proceso prescriptivo que es contarle a la gente, “Mire, de todo eso gigante que hay en el mundo, esta parte es más interesante.” Pero es más interesante de acuerdo con sus gustos. ¿Por qué te doy esta vuelta larga a esa respuesta? Porque es que depende de ti.
Si tú estás buscando cortos de terror, te podría contar de un par de plataformas, pero si estás buscando cortos para niños, es otro camino, pero si lo que estás buscando son cortos de entretenimiento o cortos experimentales y autorales. Entonces, creo que ahí lo que también habría que pensar que se busca y ahí aparece algo importante para nosotros: el Movimiento BOGOSHORTS.
Porque BOGOSHORTS realmente tiene cuatro “columnas vertebrales”. Está el festival, que sucede en diciembre; está la agencia de distribución, que mueve cortos hacia plataformas y canales; está BOGOSHORTS Academy, que trabaja procesos de formación; y está el Movimiento BOGOSHORTS, que nació porque entendimos que los festivales se prenden y se apagan.
Pasa el festival y un mes después nadie vuelve a hablar de él. Entonces la pregunta fue: ¿cómo mantenemos vivo el espíritu del cortometraje durante todo el año?
Por eso hacemos funciones mensuales en la Cinemateca de Bogotá, ciclos como BOGOSHORTS bajo la luna en la Universidad de los Andes, funciones temáticas y encuentros con realizadores. Toda esa programación está en BOGOSHORTS y la idea es que la gente no tenga que esperar hasta diciembre para acercarse al corto.
Claro, entiendo que hoy todo el mundo quiere verlo desde la pantalla de la casa y está bien. Pero nosotros seguimos defendiendo algo: la experiencia de ver cine en comunidad. Cuando estás en una sala y todos se ríen menos tú, o tú te ríes y nadie más lo hace, ahí también descubres cosas sobre ti mismo. Esa experiencia colectiva sigue siendo muy importante.
Y sí, existen plataformas como Vimeo o Vimeo Staff Picks, Retina Latina, RTVC Play, donde hay selecciones muy interesantes, pero la invitación sigue siendo la misma: buscar cortos colombianos, latinoamericanos y espacios de curaduría que permitan descubrir cosas nuevas.
La Matarina: Sí, porque mucha gente realmente no sabe dónde encontrarlos. A veces uno habla de un corto y le dicen: “No lo he visto” o “¿Dónde se puede ver?”. Y uno tampoco sabe qué responder.
Jaime Manrique: Claro, porque además los cortos tienen procesos de distribución. No se suben simplemente a YouTube gratis, porque ese corto pudo haber costado, 100 millones de pesos y necesita recuperar algo de esa inversión, así que no siempre lo vas a encontrar gratis. Es difícil. A veces pasa efectivamente 10 años para que uno se vuelva a encontrar en una plataforma, un corto que alguna vez vio en una sala. Y ahí también está la importancia del festival: entender que muchas veces la experiencia ocurre ahí y en ese momento. Como pasa con el teatro. Si no fuiste, probablemente te lo perdiste.