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Letras a La Vegetariana

Por John Crowe

¿Alguna vez han sentido que un producto, ya sea una película, un programa de televisión, un actor, un atleta o un negocio surgen de la nada? De repente, un nombre comienza a resonar con tal intensidad que se infiltra en diversas capas de la sociedad y se vuelve conocido en todos los rincones. ¿Y a qué se debe esto? ¿Talento? ¿Respeto tal vez? Así fue como la autora surcoreana  Han Kang  se volvió famosa tras ganar el Premio Nobel de Literatura en 2024, un logro que ni siquiera los más reconocidos autores asiáticos (como Murakami y Kawakami) habían conseguido. En Occidente, la literatura de Asia ha estado históricamente relegada a un nicho, y solo los lectores más serios y críticos, que no son muchos, han destacado sus obras valiosas, por lo que su reconocimiento significó la entrada de una serie de sus trabajos en la cultura general e incluso casual de Occidente, siendo el más destacado: La Vegetariana.

Recientemente me embarqué en la aventura de descubrir a esta autora a través de este libro, con el fin de formarme al menos una primera impresión sobre quién es Kang como escritora y qué temáticas aborda. Debo admitir, con algo de pesar, que no ha sido del todo placentera. Así que, procedamos a desentrañar lo que he podido comprender, aunque probablemente de manera incorrecta, de la voz de esta autora.

Una de las ideas más potentes del texto es la manera en que la protagonista convierte el vegetarianismo en una ruptura radical con las normas sociales y humanas. Más allá de dejar de comer carne, Yeong-hye rechaza la violencia implícita en la existencia misma, lo que la lleva a un aislamiento progresivo y a una desconexión con la vida.

La Vegetariana narra la historia de Yeong-hye, una mujer que, a raíz de una pesadilla, transforma por completo su actitud hacia la vida y hacia los que la rodean al decidir dejar de consumir carne. La novela se divide en tres partes, tres perspectivas, y curiosamente, ninguna de ellas pertenece a la protagonista, un detalle que vale la pena considerar más adelante.

La verdad es que no sé qué pensar del libro. Al principio, parece que la literatura está dividida entre cuatro extremos, como siempre ha ocurrido, supongo, pero que nunca habían sido tan evidentes y descarados. Más allá de los géneros que conforman la literatura, ahora podemos categorizarlos fácilmente en una línea que se presenta de la siguiente manera:

Entretenimiento———Aceptable———Pretencioso——El buen arte

Las obras más clásicas y famosas, generalmente escritas antes de 1980, suelen encajar en esta última categoría. Lo más reconocido y, por ende, lo que la sociedad comprende normativamente incluye autores como Homero, Balzac, Cervantes o Shakespeare.

Por otro lado, el entretenimiento o lo aceptable (una línea muy delgada que depende de a quién se le pregunte) generalmente abarca lo contemporáneo, la fantasía, el romance, ese popular Dark Academy, y demás libros que explotan el consumismo desenfrenado que llenan las librerías y que se encuentran entre los más comprados excluyendo los clásicos.

Finalmente, está el pretencioso; tan ensayado en sí mismo que revela tal esfuerzo por ser trascendental que se enreda en su propia dramatización y en un aire de melancolía falsamente profunda que cuestiona constantemente el significado de cada aspecto de la vida. Lamentablemente, estas intenciones se limitan a expresar la búsqueda de sentido donde las ideas permanecen en la frontera de la palabra. Creo que La Vegetariana cae en esta última categoría.

La protagonista no responde, no explica y se siente como un ente a lo largo de casi toda la obra, más como un fenómeno digno de una película de terror que como una decisión consciente

La literatura oriental, al menos la contemporánea, se caracteriza por su enfoque minimalista. No presenta grandes detalles ni pasajes que alienten la imaginación; tal vez porque sus relatos siempre (o casi siempre, no soy un experto en literatura oriental) están sujetos a la dura realidad de su contexto. Las normas sociales pesan más que las personales, y al ser transmitidas reflejan casi con ligereza las circunstancias que les rodean, sugiriendo que no hay razón para detallarlas o por qué son tan opresivas para sus personajes. Por lo tanto, la narración tiende a centrarse más en las acciones de los personajes que en el entorno en el que se encuentran. Este se asume o se exige que sea tomado como tal para el correcto desarrollo de la historia. Esto puede desconcertar al lector occidental por falta de contexto, pero deja en claro que este tipo de literatura necesita ser breve, precisa y directa. En resumen, proporciona una identidad lingüística que no se preocupa por explicar, sino por avanzar.

Esto también podría evidenciar la limitación que presenta su naturaleza, más ajustada a los cánones orientales, pero eso queda a juicio de cada lector, quien, al final, será quien enfrente estas decisiones. Ahora, adentrándonos en el propósito de la obra, aquí radica el núcleo del asunto.

Dudo que la obra tenga claro cuál es su intención o qué busca expresar, y es quizás allí donde reside su valor como texto, en la interpretación, aunque siento que esta capacidad puede estar aún más limitada ya que la información disponible podría no ser suficiente.

En primer lugar, la historia arroja el realismo por la ventana; evita dar respuestas al porqué de este cambio drástico en la protagonista y lo limita solamente a la pesadilla (que desatará otras, cada una más críptica que la anterior), generando una transformación en Yeong-hye que, más allá de ser simplemente el vegetarianismo, se convierte en una postura completamente desconectada de la vida misma. La protagonista no responde, no explica y se siente como un ente a lo largo de casi toda la obra, más como un fenómeno digno de una película de terror que como una decisión consciente y… ¿madura? Rápidamente, su cambio de actitud se torna tan extremo que se menciona en varias ocasiones que Yeong-hye está perdiendo la cordura y que se vuelve salvaje. Por ello, me resulta curioso, por no decir extraño, que la voz más importante de la obra, supuestamente su protagonista, no esté presente, sino que se perciba a través de los relatos de personajes secundarios.

La Vegetariana narra la historia de Yeong-hye, una mujer que, a raíz de una pesadilla, transforma por completo su actitud hacia la vida y hacia los que la rodean al decidir dejar de consumir carne

Según Kang, en una breve entrevista anexada como extra en la edición de Editorial Rata, La Vegetariana narra la historia de una mujer que se niega a luchar, a ceder ante la violencia y las normas establecidas… sin embargo, parece no comprender que no luchar, tomar la decisión de no participar, constituye una lucha en sí misma, un acto de resistencia contra las exigencias y acciones de los demás, incluso llegando a desear renunciar a las necesidades naturales (en un momento de la novela, se niega incluso a comer cualquier cosa), aspirando a la muerte o a convertirse en algo diferente a un ser violento. Aquí se encuentra la imagen del árbol, tan célebre, y no logro discernir el propósito o mensaje detrás de ello. ¿Es el ser humano inherentemente terrible en todas sus capacidades? ¿Es preferible desconectarse de la vida que sobrevivir a base de agresiones, aunque sean hacia seres que aparentan ser inanimados e insensibles? Me lleva a preguntarme si el budismo o las filosofías hindúes, conocidas por vivir en armonía con el entorno causando el mínimo daño posible, se relacionan con esta forma de pensar, o si todo ha sido distorsionado hasta convertir esas alternativas en una imposibilidad para el alma.

Por supuesto, esta es una radicalización del pensamiento, pero no se presenta de forma clara, y las perspectivas que se nos ofrecen solo refuerzan este torrente de ideas. La historia de Yeong-hye se relata a través de dos hombres y una mujer que, como ya mencioné, están desprovistos de toda explicación.

En este punto, considero apropiado señalar que el texto tiene un tono feminista, o así parece. Los dos hombres que narran la historia de Yeong-hye son, respectivamente, su esposo y su cuñado, y al igual que los pocos hombres que aparecen brevemente en el relato, son profundamente detestables. El primero es un inútil que se conforma con lo que tiene, incluida su esposa, a quien ni siquiera considera atractiva, sino más bien una masa pálida y delgada sin ninguna gracia. La percibe como una carga, pero que fue lo que pudo conseguir que aceptara sus avances sin resistencia, incluyendo el sexo, y pasa toda la primera parte de la novela criticando a su esposa y cómo ella le impacta en su gastronomía y lo molesta que resulta hasta que afecta su trabajo al no seguir los “modelos” al cenar con su jefe y colegas. La ve casi como un accesorio que ni siquiera le habla, un ente que representa un problema más que una persona.

El segundo hombre, bajo la fachada de tener una vida perfecta con la hermana de Yeong-hye, está frustrado con su propia existencia y lidia con una adicción y una aberración hacia la sexualidad y la pornografía, de la cual su esposa no tiene conocimiento. No siente atracción por su esposa y se siente atrapado en su trabajo, considerándose un artista incomprendido. Realiza videos con modelos desnudos pintados simulando actos sexuales como en las películas pornográficas que consume. Al enterarse de que Yeong-hye tiene una marca de nacimiento en la espalda, sufre una obsesión que lo lleva a buscarla, pintarla, filmarla y, en última instancia, tener relaciones con ella como forma de liberación. Esta obsesión es principalmente impulsada por su fetiche de contemplarla, poseerla, y así tener una experiencia que considera el verdadero arte. En este punto de la narración, Yeong-hye parece razonablemente estable. Es la única ocasión en que la veremos en coherencia, no porque lo que dice tenga sentido, sino porque al menos se esfuerza por expresar sus pensamientos, aunque nadie la comprenda, como un ejercicio de liberación, dado que se ha separado del mediocre de su esposo. Ella interactúa de manera saludable con otros, incluyendo a su cuñado, quien la guía en este camino que eventualmente conduce al sexo. Todo esto sucede a expensas de su hermana y esposa.

La resistencia solo es entendible si comprendemos quién desea resistir y por qué …

Mi percepción sobre el feminismo se refiere no solo a la liberación de Yeong-hye de las cadenas o normas que la limitaban, sino a cómo se evidencian estas perspectivas masculinas frente al sexo opuesto. En su mundo, no hay lugar para ellas, y cuando las hay, es para su molestia o placer. Representan el final de una fantasía disfrazada, un acto egoísta que busca la satisfacción personal en lugar de la comprensión mutua, y esto se intensifica aún más cuando Yeong-hye, en su estado racional, consiente ser infiel a su propia hermana, quien hasta ese momento ha sido la única persona que intentaba comprenderla y que se preocupaba por ella a lo largo de este proceso, como si sus acciones carecieran de significado más allá del individual y, por lo tanto, sus consecuencias fueran irrelevantes. Lo menciono porque la hermana las descubre en el acto y al confrontarse ambas mujeres, nuestra vegetariana no siente nada; ni remordimiento ni placer, simplemente pasa junto a su hermana como si nada hubiese transcurrido. Por su parte, el hombre se desmorona mentalmente, colapsa e incluso intenta suicidarse, aunque sin éxito. Pero Yeong-hye aparentemente logra lo que busca… ¿creo? y lo hace a expensas de su amada hermana, sin sentir remordimiento alguno.

¿Qué propósito tiene entonces esta historia, cuando la misma protagonista demuestra desprecio por la única que intenta ayudarla y ser empática, arruinando su vida y reputación? ¿Hay algún acto correcto o incorrecto en las acciones de sus personajes? Si no lo hay, ¿cuál es el sentido de evaluar su evolución a lo largo del relato? Serían solo personas detestables realizando actos detestables entre sí y el valor artístico se desplomaría como una roca cayendo de un puente, a gran velocidad, hasta el suelo.

La última sección es narrada por la hermana que ha internado a Yeong-hye en un psiquiátrico, donde se le diagnostica esquizofrenia y lentamente se va muriendo porque se rehúsa a comer. Se menciona repetidamente que Yeong-hye solo desea ser una planta. Los cuidadores deben forzarla y, aun así, no lo logran. Esta parte final es un mar de melancolía que se enfoca en la desdicha de la hermana, quien debe asumir la carga de la enfermedad de Yeong-hye, y en cómo ambas son incomprendidas hasta la última página.

La intención de Kang era dar visibilidad a un personaje que debe luchar contra todos los demás, pero este enfrentamiento es tan brusco que sintió que solo podría contarse a través de los ojos de otro, relegando su propia voz. Que no se rinda ante la violencia que los demás exigen, pero ella misma es parte de ese ciclo y permite violentar la relación con su hermana, nuevamente, sin consecuencias o remordimientos. La resistencia solo es entendible si comprendemos quién desea resistir y por qué, no a través de mensajes crípticos que buscan la relevancia de cada imagen o aspecto sin que tengamos siquiera un pie en la interpretación de quién habla o quién debería ser la idea central, dado que su voz no está presente.

El relato es… desagradable a todos los niveles. El minimalismo intensifica la brusquedad de sus personajes y pone de manifiesto cuán odiosos se vuelven todos y cada uno de ellos mientras se sumerge en la introspección, en las ideas sueltas buscando un sobreanálisis de los detalles, como si intentara reinventar la rueda, o en este caso, la condición humana, como si se aborreciera a sí misma. Por supuesto, la literatura puede abordar temas incómodos y enunciar verdades difíciles de aceptar; sin embargo, en la mayoría de las ocasiones, busca iluminar cómo nos entendemos a nosotros mismos y, en el mejor de los casos, cómo reconocer nuestras fallas en la búsqueda de mejorarlas. Esta novela parece empeñada en lo contrario y se niega a explicarse, a reconocer sus errores, y sobre todo se niega a ofrecer alguna perspectiva más positiva sobre su futuro. Termina siendo, al menos en mi opinión, un nihilismo complicado y ahogado en su propio dramatismo; excesivamente elaborado y preocupado por manifestar el problema de una sociedad para ofrecer, o al menos insinuar, una solución. Supongo que ese es su mérito artístico.

Debo mencionar que, ahora que repaso la historia, al menos hay un personaje que ha resultado mínimamente simpático. Cuando el cuñado desea grabar a Yeong-hye teniendo relaciones, en un principio no es él el elegido, sino un modelo que, al darse cuenta de lo que se le solicita, dice que no quiere ser parte de la situación, que es ir demasiado lejos para algo “artístico”. Qué curioso que el personaje más coherente y empático en relación a la situación ofrecida elija decir que no y marcharse, lo que me lleva a cuestionar su papel en la trama. ¿Qué representa si es lo suficientemente relevante como para mencionarse?… pero luego, la historia continúa ya que quien tiene la voz dominante en ese momento es el cuñado. Hubiera sido preferible dejar la sala con la modelo, quien al menos ha tenido la fuerza de voluntad para salirse de la narrativa antes de verse atrapada en la espiral de su locura.

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