Por La Matarina
Del 8 al 14 de octubre, Bogotá vuelve a encontrarse con el cine contemporáneo. La edición número 12 del Bogotá International Film Festival (BIFF) celebra su duodécima edición con una selección de 61 películas que nos invita a recorrer distintas geografías, sensibilidades y maneras de narrar el mundo. Algunas llegan después de transitar por reconocidos festivales internacionales; otras encuentran en Bogotá una oportunidad para ampliar su circulación y acercarse a espectadores que difícilmente podrían descubrirlas en la cartelera habitual.
Esa convivencia entre películas de trayectorias diversas es uno de los mayores atractivos del festival. No se trata solamente de conocer las obras que han despertado el interés de la crítica internacional, sino también de acercarse a propuestas menos visibles, descubrir nuevas voces y reconocer que el cine contemporáneo es mucho más amplio que las producciones que habitualmente llegan a nuestras pantallas.
Entre los grandes festivales y los nuevos descubrimientos
Cada película tiene su propio recorrido. Algunas construyen una trayectoria a través de festivales, encuentros con la crítica y circuitos de exhibición especializados. Otras enfrentan dificultades para encontrar distribución y espacios de proyección, especialmente cuando provienen de cinematografías con menor presencia en el mercado internacional. En ese panorama, festivales como el BIFF desempeñan un papel importante: permiten que obras con distintas posibilidades de circulación compartan una programación y encuentren nuevos espectadores.
La película de apertura de esta edición es Fjord, del realizador rumano Cristian Mungiu, cuyo trabajo ha explorado las tensiones morales, las relaciones humanas y los conflictos sociales. La presencia del cineasta representa una oportunidad para acercarse a una filmografía que ha tenido un lugar destacado en el cine europeo contemporáneo.
La programación también incluye A Providência e a Guitarra, de João Nicolau, presentada en el Festival Internacional de Cine de Rotterdam. Su llegada a Bogotá recuerda que cada nueva proyección abre la posibilidad de encontrar otros públicos, interpretaciones y conversaciones.
Pero la experiencia del BIFF también invita a elegir una película sin conocer previamente a su director, su trayectoria o su recepción crítica. En una programación de estas características, el descubrimiento puede ser tan significativo como el reencuentro con una obra reconocida.
Colombia Viva: otras maneras de narrar el país
El cine colombiano también encuentra un espacio en esta edición a través de Colombia Viva, una sección que permite acercarse a distintas experiencias, territorios y formas de comprender el país.
Entre sus películas está Iluminada (2026), dirigida por Nicolás Rincón Gille. La historia sigue a una joven de los barrios periféricos de Bogotá que experimenta visiones y busca comprenderlas mediante la escritura de diarios íntimos. Su encuentro con Juan abre la posibilidad de imaginar una vida distinta, aunque la relación se enfrenta a las formas de control que atraviesan su entorno. La película sitúa una experiencia íntima en un territorio marcado por tensiones sociales y nos invita a pensar cómo los deseos individuales se relacionan con las condiciones del lugar que habitamos. Iluminada tendrá una proyección el sábado 10 de octubre, a las 7:30 p. m., en la Sala Capital de la Cinemateca de Bogotá.
También forma parte de la programación Donde comienza el río, de Juan Andrés Arango, que llega después de su estreno mundial en el Festival Internacional de Cine de Toronto. La película sigue a Yajaira, una joven indígena que vive con su hija en Bogotá y emprende un viaje hacia el territorio del que salió. A través de su historia, la película se acerca a cuestiones como el desplazamiento, la maternidad, la memoria y el sentido de pertenencia. Su participación en el BIFF antecede el estreno comercial anunciado en Colombia para el 15 de octubre.
Ambas películas, desde búsquedas narrativas diferentes, permiten reconocer cómo el cine colombiano continúa explorando las relaciones entre las experiencias personales, los territorios y las realidades sociales del país.
Rei Pictures: volver a mirar el cine argentino
Entre los espacios especiales de esta edición se encuentra la retrospectiva dedicada a Rei Pictures, productora argentina vinculada con algunas de las propuestas más destacadas del cine contemporáneo de ese país.
La selección incluye Zama (2017), de Lucrecia Martel; Temporada de caza (2017), de Natalia Garagiola, y El rapto (2023), de Daniela Goggi. En Zama, Martel construye una experiencia cinematográfica alrededor de un funcionario de la Corona española que espera, en un territorio colonial, un traslado que parece no llegar nunca. La película transforma esa espera en una exploración del poder, la identidad y las contradicciones del orden colonial.
Por su parte, Temporada de caza se aproxima a las dificultades de un adolescente que, después de la muerte de su madre, debe reencontrarse con su padre en la Patagonia argentina. El duelo, la distancia afectiva y las posibilidades de reconstruir los vínculos familiares atraviesan la historia.
El rapto, de Daniela Goggi, nos sitúa en la Argentina de los años ochenta, durante el retorno de la democracia, para explorar un contexto en el que la violencia y el miedo no desaparecen necesariamente con el final de una dictadura.
Las tres películas proponen maneras distintas de aproximarse a la historia, los conflictos sociales y las relaciones humanas. Verlas en el marco de una retrospectiva permite reconocer no solamente sus particularidades, sino también el papel de la producción independiente en la construcción y circulación de otras narrativas latinoamericanas.
La participación de Santiago Gallelli y Benjamín Domenech, productores de Rei Pictures, amplía esta experiencia con la posibilidad de conocer los procesos y las decisiones que acompañan la realización de una película, mucho antes de que llegue a las pantallas.
BIFF Bang: aprender a mirar y hacer cine
Una de las apuestas del festival es reconocer que la experiencia cinematográfica no termina cuando aparecen los créditos finales. Las conversaciones con realizadores, los encuentros de formación y los espacios para intercambiar experiencias también permiten comprender cómo se construyen las películas y qué decisiones intervienen en sus relatos.
Entre el 10 y el 14 de octubre, BIFF Bang ofrecerá actividades orientadas a la creación audiovisual, la realización de cortometrajes, la actuación y la construcción de una mirada cinematográfica propia. Entre los participantes anunciados se encuentran Cristina Gallego, Claudio Cataño, Salim Jaller, Nicolás Valencia, Andrés Suárez y Julia Peralta.
Para estudiantes, realizadores emergentes y personas interesadas en el cine, estos espacios representan una oportunidad para aproximarse a sus oficios desde las experiencias de quienes trabajan en ellos. Para los espectadores, también son una invitación a mirar con mayor atención los lenguajes, las decisiones narrativas y los procesos que hacen posible una película.
El cortometraje también tiene mucho que contar
Las nuevas voces tienen otro lugar de encuentro en la muestra de cortometrajes BIFF Bang, integrada por ocho obras que exploran diferentes posibilidades del lenguaje audiovisual, desde la ficción y la comedia hasta la animación y el documental híbrido.
Entre los títulos anunciados se encuentran Quedamos así, de Elías De Martino; Para no volver, de Tania Galvis; Bertha, de Laura Asprilla, y Espacio para pensar, de La Baldosa Colectivo.
El cortometraje ocupa un lugar particular en el festival. Su duración permite explorar estructuras narrativas, experimentar con los lenguajes cinematográficos y desarrollar historias que no necesariamente requieren convertirse en largometrajes. También constituye un espacio importante para realizadores que buscan compartir sus trabajos y establecer vínculos con otros profesionales del sector.
Más allá de las salas: las conversaciones que hacen posible el cine
El BIFF también cuenta con una agenda dirigida al fortalecimiento de la industria audiovisual y al intercambio de experiencias entre profesionales.
Bogotá Creative Connect, programado del 7 al 9 de octubre en la sede Chapinero de la Cámara de Comercio de Bogotá, propone encuentros alrededor de las industrias culturales y creativas, las oportunidades de cooperación y el desarrollo de proyectos.
A esta agenda se suma BIFF Producers Club, un espacio para reconocer la importancia de la producción, la financiación y las redes de colaboración en la realización cinematográfica.
La participación de invitados internacionales como José Luis Rebordinos, director del Festival de San Sebastián, permite ampliar las conversaciones sobre los circuitos de exhibición y el papel que desempeñan los festivales en la circulación de películas.
Estos encuentros recuerdan que detrás de cada obra existe un proceso colectivo y que su llegada a una sala depende de numerosas decisiones creativas, económicas y culturales.
El valor de encontrarnos con otras historias
¿Por qué vale la pena asistir a un festival de cine? Quizá porque nos permite acceder a historias que difícilmente encontraríamos reunidas en otro escenario.
Una película que ya ha recorrido festivales internacionales puede adquirir nuevos sentidos cuando llega a Bogotá. Una obra que apenas comienza su circulación puede encontrar espectadores que acompañen su recorrido. Y una retrospectiva puede ofrecernos la posibilidad de descubrir por primera vez una película estrenada hace varios años.
El valor del BIFF no está únicamente en presentar obras reconocidas o anticipar futuros estrenos. También reside en abrir espacios para cinematografías menos visibles, propiciar encuentros entre creadores y espectadores y ampliar las posibilidades de conversación alrededor del cine.
En tiempos en los que buena parte de lo que vemos está mediado por recomendaciones automatizadas, tendencias y algoritmos, un festival propone otra experiencia: recorrer una programación, dejarse sorprender por una historia desconocida y compartir la sala con personas que quizá saldrán de ella con interpretaciones completamente diferentes.
Porque el cine no necesariamente nos ofrece respuestas sobre nuestro tiempo. A veces, su mayor capacidad consiste en ayudarnos a formular preguntas que todavía no nos habíamos hecho.
Desde La Matarina, la invitación es a explorar la programación, descubrir una película inesperada y permitir que las historias que llegan a nuestras pantallas nos lleven a mirar el mundo de otras maneras.