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Habitar las artes: Día REI y la red que teje otra Bogotá

por Jenny Marcela Rodríguez

¿Cuántas versiones de Bogotá caben en sus espacios culturales? Librerías, galerías, casas culturales, escenarios musicales y proyectos comunitarios construyen todos los días una cartografía que muchas veces queda por fuera de nuestros recorridos habituales. El Día REI 24/7, que regresa este 3 de octubre, propone acercarse a algunos de esos lugares. Pero detrás de la jornada hay una historia más amplia, la de una red que surgió después de la pandemia y que ha encontrado en la autogestión, la colaboración y el encuentro otras formas de pensar la sostenibilidad de la cultura en la ciudad.

Para entender el  Día REI hay que regresar a un momento en el que encontrarse parecía imposible. La pandemia puso en evidencia la fragilidad de muchos espacios culturales cuya existencia depende, precisamente, de que las personas puedan reunirse: escuchar un concierto, asistir a una función, recorrer una exposición, comprar un libro, participar de un taller o quedarse conversando después de una actividad.

En ese contexto comenzó a tomar forma la  Red de Espacios Independientes (REI). Quena Melisa Leonel Loaiza, líder de Innovación y Sostenibilidad para las Artes de Idartes y parte del proceso desde su gestación, recuerda que las conversaciones con los espacios afectados permitieron reconocer la necesidad de apoyar su sostenibilidad. De allí surgió la Beca Red de Espacios Independientes, un estímulo dirigido a fortalecer su programación y oferta artística. Pero las conversaciones no terminaron con la asignación de recursos.

Las mesas de trabajo comenzaron a reunir proyectos con trayectorias, prácticas y públicos diferentes. Algunos habían recibido el estímulo; otros simplemente querían hacer parte de la red. Para  Quena, allí hay una diferencia importante, la independencia reconoce la capacidad de autogestión que ya existe en los territorios. La institucionalidad puede aportar recursos y acompañamiento, pero los espacios no nacen con el estímulo ni desaparecen cuando este termina. En sus palabras, se trata de una red que fue creciendo “más allá de una beca”, hasta convertirse en un proceso activo, convocante y autogestionado.

En 2022, la primera edición del Día REI hizo visible parte de ese proceso con una jornada que reunió 16 espacios durante 16 horas. La iniciativa ha cambiado desde entonces, pero quizá su transformación más interesante no esté solamente en el número de lugares o actividades, sino en las relaciones que se han construido entre quienes los sostienen.

“No se puede concebir una sostenibilidad del ecosistema de las artes y la cultura sin la red”, señala Quena. Su afirmación no se refiere exclusivamente a REI. Habla de una lógica más amplia de colaboración porque, como explica, “en últimas somos comunidad”. Esa mirada permite desplazar la sostenibilidad del terreno exclusivamente económico hacia preguntas sobre las relaciones que hacen posible que un proyecto cultural permanezca: quién comparte lo aprendido, dónde pueden circular los artistas, cómo se construyen públicos y qué sucede cuando los espacios dejan de pensarse como iniciativas aisladas para reconocerse como parte de un ecosistema.


Lo que ocurre cuando los espacios se encuentran

Luz Ángela Osuna ha acompañado desde Idartes las actividades y mesas de encuentro de REI y su relato permite observar cómo esa idea de red se materializa. Allí conviven espacios con años de experiencia y otros que apenas comienzan a consolidarse. En ese encuentro ha ocurrido algo que ella describe como orgánico: algunos proyectos con mayor trayectoria han empezado a acompañar a los emergentes, compartiendo aprendizajes construidos durante años de gestión y también de lucha por permanecer abiertos.

Luz Ángela llama a esa relación “el poder de la sinergia de la red”. La autogestión, explica, ha permitido fortalecer capacidades relacionadas con la gestión cultural, el diseño de agendas y la consolidación de comunidades; pero también ha abierto posibilidades de colaboración entre proyectos que ni siquiera pertenecen a la misma localidad. Obras vinculadas a espacios de Ciudad Bolívar, por ejemplo, han circulado en Barrios Unidos, mientras gestores de distintos territorios comienzan a conocerse y reconocer lo que otros hacen.

Esa circulación resulta especialmente significativa porque bajo la denominación de espacio cultural conviven proyectos muy distintos. Hay iniciativas comunitarias, escenarios dedicados a la música en vivo, librerías, galerías y propuestas multidisciplinares. No todos trabajan de la misma manera ni se relacionan de igual forma con sus públicos y territorios. Luz Ángela insiste en esa diversidad, los espacios tienen diferentes propuestas de valor, enfoques y maneras de hacer.

Por eso, la variedad que encuentra el público durante el Día REI no responde únicamente a la intención de reunir muchas disciplinas en una programación. De alguna manera, la parrilla termina reflejando la propia heterogeneidad de la red.

Y esa programación tampoco aparece unos días antes del evento. Durante el año se realizan mesas de encuentro que permiten proponer actividades y pensar acciones conjuntas. Quena describe un proceso que comienza por definir aquello que se quiere comunicar y continúa con el trabajo junto a los gestores, quienes plantean actividades para ofrecer a la ciudadanía. Después llegan la construcción de horarios, la comunicación, las piezas gráficas, los canales de difusión y los asuntos administrativos. Luz Ángela complementa esa mirada desde la experiencia reciente en donde cada espacio tiene dinámicas propias, algunos prefieren comenzar temprano y otros encuentran su momento en la noche. De ese diálogo surge una construcción conjunta de la experiencia de  Día REI 24/7.

Sin embargo, es necesario hacer una distinción. REI y Día REI no son exactamente lo mismo. La red es un proceso de encuentro y articulación que permanece durante el año; el Día REI es uno de los momentos en que ese tejido se hace especialmente visible para quienes habitamos la ciudad.

Una cartografía cultural que también se construye desde los barrios

Este 3 de octubre, el Día REI 24/7 vuelve a convertir esa red en una invitación a desplazarse por Bogotá. La edición reúne espacios de Barrios Unidos, Teusaquillo, Kennedy, Bosa, Chapinero, Suba, Santa Fe y Engativá, ocho localidades que permiten imaginar distintos recorridos, aunque también dejan abierta una pregunta sobre cómo ampliar la presencia de la red hacia otras localidades.

El desafío no es menor. Luz Ángela reconoce que todavía hay agentes a quienes la información no llega y que ampliar la red supone fortalecer el voz a voz, las alianzas, la comunicación y herramientas que permitan conocer los espacios que ya trabajan en la ciudad. En este sentido, crecer no significa solamente llenar de puntos un mapa, sino conseguir que nuevos proyectos se encuentren y reconozcan posibilidades de trabajo compartido.

La descentralización aparece aquí con un significado que va más allá de trasladar una actividad desde el centro hacia los barrios. Para Quena, una de las características fundamentales de REI es reconocer el agenciamiento de artistas y líderes que hacen posible que las artes y la cultura estén presentes en las localidades. Vista así, la cultura no es algo que simplemente llega a las localidades, es un algo que se produce allí, desde las relaciones, necesidades y prácticas de quienes los habitan.

Esa mirada permite incluso ampliar aquello que imaginamos cuando pensamos en Bogotá. En Usme, por ejemplo, la Casa de la Memoria propone Campesinos por un día, una experiencia vinculada con procesos de memoria y con las comunidades campesinas del territorio. Luz Ángela cuenta que el recorrido permite descubrir que, además de sus actividades agrícolas, hay campesinos que elaboran artesanías, pintan y producen obras sin necesariamente reconocerse a sí mismos como artistas. “Bogotá es rural también, que no se nos olvide”, advierte antes de hablar de esas creaciones hechas por manos campesinas.

En otros puntos de la ciudad, los lenguajes cambian, por ejemplo, talleres de cerámica y producción musical en Yunta Casa Cultural, encuentros alrededor de los idiomas en A Seis Manos o una introducción al bullerengue en la Casa Semillero de Bullerengue. La programación permite elegir de acuerdo con los propios intereses, pero también ofrece una posibilidad menos previsible, el escoger un lugar al que normalmente no iríamos y dejar que sean las artes las que definan el recorrido.

Quizá allí aparezca una de las dimensiones más interesantes del Día REI. No solamente permite saber qué ocurre en los espacios culturales, sino preguntarnos qué ciudad aparece cuando decidimos recorrer Bogotá a través de ellos.

En la conversación con Luz Ángela surge una expresión que ayuda a completar esa cartografía, ser “turistas en su propia ciudad”. Su invitación es a no permanecer únicamente en la localidad que habitamos, sino ampliar el recorrido y conocer otros espacios culturales.

La idea encuentra eco en algo que apareció durante las dos conversaciones que tuvieron con Nuestro Rollo, podemos vivir durante años cerca de una casa cultural, una pequeña galería, una librería o un escenario musical sin saber lo que sucede detrás de sus puertas. La rutina también dibuja mapas y, al hacerlo, deja muchos lugares fuera.

Durante la conversación con Quena apareció una inquietud sobre aquello que ocurre después de la primera visita, esto es que los espacios autogestionados necesitan construir relaciones con públicos que no lleguen una sola vez. Quena retomó esa reflexión desde una palabra que atraviesa buena parte de REI: comunidad. No solamente entendida desde una perspectiva comunitaria, explicó, sino desde “lo común”, aquello capaz de convocar a distintas personas alrededor del arte.

La sostenibilidad vuelve entonces a aparecer, pero ya no solamente como presupuesto. También está relacionada con la posibilidad de construir vínculos, mantener una programación, recibir artistas, formar públicos y generar pequeñas economías alrededor de esos encuentros. Durante la conversación con Quena surgió además la pregunta por el impacto que la actividad de un espacio puede tener sobre comercios, gastronomía y otros servicios cercanos. Sabemos que alrededor de los espacios se producen relaciones y movimientos económicos, pero comprender su alcance requiere todavía datos que permitan observarlos con mayor precisión.

Tal vez por eso el Día REI no debería terminar cuando concluya la última actividad de la madrugada. Luz Ángela lo dice de una manera mucho más sencilla: “los espacios culturales no se terminan en el Día REI”. Después de la jornada siguen programando, convocando y abriendo sus puertas. Su invitación a ser turistas en nuestra propia ciudad también apunta a conocer otros lugares, pero sobre todo permitir que alguno de ellos empiece a formar parte de nuestros recorridos.

El 3 de octubre habrá muchas maneras de acercarse a REI. Se podrá escoger una actividad, seguir una ruta, atravesar varias localidades o descubrir que a unas pocas cuadras de casa existe un espacio cultural que nunca habíamos visitado. Lo que ocurra después dependerá de si ese encuentro consigue convertirse en algo más que una visita ocasional. Al final de la conversación, Luz Ángela lo resume sin hablar de cifras, mapas ni estrategias:

“Vaya, salga, sorpréndase, habite los espacios culturales, habite las artes, que nos necesitamos mutuamente”. Quizá habitar las artes también sea eso: descubrir un lugar y encontrar una razón para volver.

 

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