Por Carlos Corredor
La historia, en su gran mayoría, nos ha sido narrada desde ejercicios de patriarcado interpretativo. Las descripciones de los conflictos han estado marcadas por una perspectiva masculina. Los primeros acercamientos narrativos se dieron a través de los libros, y más adelante, en la televisión. En los años 80, por ejemplo, se saturaba el imaginario con programas norteamericanos como Tour of Duty (1987), una serie ambientada en la guerra de Vietnam, donde un escuadrón relataba las hazañas de soldados que, al penetrar territorio enemigo, justificaban ejercicios de invasión y colonización.
De esta visión surgió, en los años 90, una adaptación colombiana titulada Hombres de Honor (1995), que representaba el conflicto interno entre el Ejército y la guerrilla. En ambas producciones, la mujer rara vez ocupaba un rol protagónico; más bien, los guionistas, desde su desconocimiento o indiferencia, la relegaban a un papel secundario o inexistente.
Poco a poco, sin embargo, se ha ido reconociendo la influencia y presencia de las mujeres en estos escenarios. El documental Un Nuevo Amanecer, dirigido por Priscila Padilla (2025), retrata el día a día de mujeres que en 2017 hacían parte de un grupo guerrillero. La obra indaga en las implicaciones de compartir espacios en campamentos donde la intimidad es mínima, en los entrenamientos y misiones, y en el papel que ellas desempeñaron dentro de los procesos de desmovilización.
Las decisiones personales —arraigadas en reflexiones sobre la familia, la ideología política y la búsqueda de justicia— hacen de este documental un espejo de las vivencias de muchas mujeres inmersas en grupos armados. Mujeres que, en ocasiones, deben entregar a sus hijos a sus parientes y despojarse de su identidad para ponerse al servicio de una causa que, para ellas, encarna una utopía.