Por Jenny Marcela Rodríguez
Hay figuras públicas que el país cree conocer. Las nombra, las cita, las convierte en referencia. Pero hay una distancia entre la imagen pública y la experiencia íntima. Brigitte, Planeta B se instala en ese punto de tensión. No busca explicar a Brigitte Baptiste, busca escucharla.
El documental, dirigido por Santiago Posada, llega a salas colombianas con una premisa que busca esquivar el lugar común: no construir un retrato desde afuera, sino abrir un espacio donde la protagonista se piense a sí misma. El resultado no responde a la lógica del perfil biográfico tradicional. Posada centra la voz sin intermediarios.
La pregunta inicial es clara: ¿qué ocurre cuando una de las mentes más influyentes de la biodiversidad en Colombia decide exponerse sin filtros? La película ensaya una respuesta que no se agota en una sola línea. Es retrato, ensayo, conversación y, en ciertos momentos, deriva.
El punto de partida del proyecto revela su intención. Posada lo formula sin rodeos: “No quería una cantidad de gente hablando de Brigitte, quería una película que reflejara su manera de pensar, cómo conecta un tema con otro”
Esa decisión narrativa marca el tono del documental. En lugar de acumular testimonios, la película apuesta por la experiencia directa, acá la cámara compaña.
El resultado se siente cercano. No hay distancia académica. Tampoco hay espectacularización. La figura de Baptiste aparece en su complejidad cotidiana. Científica, sí, pero también madre, interlocutora, cuerpo político, pensamiento en movimiento. El documental lo logra entre múltiples registros. En este la ciencia no aparece como un campo aislado, se entrelaza con la vida de la protagonista al igual que la biodiversidad no se presenta como objeto de estudio, sino como una forma de entender el mundo.
En esa intersección, la identidad ocupa un lugar central. Baptiste lo expresa con claridad: “Quienes desean incidir en el debate público deben reconocer que la exposición es necesaria… la identidad se construye colectivamente”
La frase no funciona como consigna, sino que tiene implicaciones concretas. La película muestra esa construcción en tiempo real. En las conversaciones, en los silencios, en los espacios domésticos. Aquí no hay una narrativa de superación lineal. Hay procesos, contradicciones y preguntas que no buscan cierre.
La mutación como principio
Uno de los ejes conceptuales del documental es la idea de mutación. No como excepción, sino como condición. La vida cambia, las identidades cambian, los ecosistemas cambian ¿por qué entonces la búsqueda de lo estático?
Brigitte, Planeta B toma esa noción y la convierte en estructura narrativa. La película no se organiza en capítulos rígidos. Avanza como un sistema vivo que se expande, se repliega y se interconecta.
Este enfoque dialoga con la trayectoria de Baptiste como bióloga. Su trabajo ha insistido en pensar la naturaleza desde la complejidad. El documental traslada esa mirada al terreno de lo humano.
Lo íntimo como territorio político
En un contexto donde las identidades trans suelen ser abordadas desde el sensacionalismo o el conflicto, la película elige otro camino. Se aleja del espectáculo y centra la mirada en la vida cotidiana.
La presencia de su familia —su esposa Adriana y sus hijas— introduce una dimensión que desarma prejuicios. La cámara observa interacciones simples. Conversaciones, gestos, rutinas propias de la experiencia íntima que podemos compartir. Lo íntimo, en este contexto, adquiere un peso político. No como una declaración explícita, sino como evidencia de unas formas de actuar en lo social.
Una espiritualidad sin ornamento
Otro de los elementos que atraviesa la película es la relación de Baptiste con lo espiritual. El documental aborda momentos de exploración personal, incluidas experiencias con yagé que ella describe como “un regalo de la naturaleza”.
La película no busca exotizar estas prácticas. Las integra como parte de un proceso de pensamiento. La espiritualidad no aparece en oposición a la ciencia. Se presenta como otra forma de conocimiento. Las escenas con los pictogramas dan cuenta de la conexión entre mundos, entre tiempos, entre historias.
Este cruce refuerza la idea central del filme: todo está conectado. Las categorías que suelen separarse —ciencia, espiritualidad, identidad— se encuentran en un mismo plano.
Una producción con respaldo global
El proyecto cuenta con la producción de Dynamo y Pando Producciones, con el apoyo de Caracol Televisión. Dynamo, fundada en 2006, se ha consolidado como una de las productoras más influyentes de Iberoamérica, con presencia en Bogotá, Ciudad de México, Madrid y Nueva York. Su catálogo incluye series y películas para plataformas como Netflix, Amazon y HBO, así como títulos que han circulado en festivales internacionales. Este respaldo se percibe en la calidad técnica del documental.
La trayectoria de Posada permite entender la coherencia del proyecto. Su filmografía combina documental y ficción, con un interés constante por explorar relatos híbridos. Trabajos como Railway Redemption ya apuntaban hacia una exploración de los límites entre géneros.
En Brigitte, Planeta B, esa búsqueda encuentra un terreno fértil. El director no impone una forma. La descubre en el proceso. El resultado es una película que no encaja fácilmente en categorías. No es un documental clásico. Tampoco es un ensayo cerrado. Es un espacio de pensamiento.
Más allá del retrato
La experiencia de ver Brigitte, Planeta B no se reduce a la pantalla. Continúa después, en las preguntas que deja, en las ideas que incomodan, particularmente en tiempos donde la representación se convierte en campo de disputa, la película propone una alternativa: escuchar sin traducir, mirar sin simplificar.
Reducir el documental a un perfil de Baptiste no parece preciso. La película funciona como un espejo de feria: no devuelve una imagen fija si no que en las múltiples formas de mostrarse el reflejo propone una reflexión: ¿Qué significa habitar una identidad en transformación? ¿Cómo se construye una vida en diálogo con otros? ¿Qué lugar ocupa el cambio en nuestras narrativas personales?
No hay respuestas definitivas. Hay una invitación.
*Imágenes cortesía de Casa ARC – Agencia de Relaciones Cocreativas