Por Carlos Corredor
Los documentales tienen como propósito acercar al público a realidades que rara vez forman parte de su cotidianidad. Buscan informar, contextualizar, cuestionar o, simplemente, poner en evidencia situaciones que merecen ser reconocidas por el impacto que tienen en nuestro contexto social y humano. Sueños en Concreto (2024), dirigida por Antón Wenzel y Viviana Gómez Echeverry, es precisamente eso: un retrato honesto y conmovedor de una utopía colectiva gestada en medio del estallido social de 2021 en Colombia.
El filme documenta el proceso comunitario que dio origen al Monumento a la Resistencia en Puerto Resistencia, Cali. Un grupo de jóvenes de la Primera Línea, acompañado por otros actores sociales del barrio, se propuso dotar de significado, memoria y dignidad a un espacio que fue símbolo de protesta, dolor y lucha popular. En ese acto de construir juntos una obra física, se expresa también la necesidad de sanar y de dejar testimonio.
La narrativa fílmica mantiene un tono naturalista que recoge el día a día de quienes, con su voz y cuerpo, enfrentaron no solo la represión del Estado —especialmente durante las protestas contra la fallida Reforma Tributaria—, sino también las consecuencias emocionales, familiares y personales de participar en una movilización histórica. El enfoque de los directores logra captar la esencia de ese momento social tan delicado, sin artificios ni adornos: solo la fuerza de lo real.
Viviana Gómez Echeverry, reconocida por títulos como Entre fuego y agua o Keyla, reafirma aquí su sensibilidad para mostrar desde dentro las tensiones entre territorio, identidad y dignidad. Cada escena de Sueños en Concreto está cargada de humanidad, liderazgo y reflexión. Los protagonistas no son héroes ideales, sino personas comunes que, desde su oficio —ya sea el arte, la soldadura, la cocina o la organización barrial—, aportan lo mejor de sí para resistir, expresar, construir.
El documental revela cómo la resistencia no fue solo enfrentamiento: también fue colaboración, diálogo, encuentro intergeneracional, aprendizaje colectivo. El uso de materiales reciclados para levantar el monumento se convierte en una poderosa metáfora de lo que allí ocurrió: con lo que se tenía a la mano, se erigió algo duradero, algo que narra sin palabras lo que otros intentaron silenciar.
El símbolo resultante —el monumento— sigue en pie, como un eco de aquella lucha. No solo es motivo de orgullo para los habitantes de Puerto Resistencia, sino también una inspiración para quienes creen que la transformación social es posible cuando se hace con el corazón en la calle, el cuerpo en la acción y la memoria en la voz.
Sueños en Concreto no es solo un testimonio audiovisual: es una pieza viva de la memoria colectiva. Una película que invita a no olvidar, a seguir nombrando, a resistir creando. Un ejemplo del mejor cine documental colombiano, comprometido, sensible y profundamente humano.