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Gabo Gallego y el arte de habitar el caos: una lectura de Entrópico Distópico

Por Jenny Marcela Rodríguez

En un panorama musical que suele premiar la inmediatez, la fórmula y el golpe certero del algoritmo, aparece Gabo Gallego con un gesto distinto: una pausa. No una pausa silenciosa, sino una pausa cargada de preguntas. Entrópico Distópico, su más reciente EP, no busca encajar en la corriente dominante; más bien la observa desde la orilla y decide tomar otro rumbo. Lo que propone no es solo un conjunto de canciones, sino una declaración: la vida no es un molde prefabricado, y asumirlo implica una ruptura.

La obra nace desde una sensibilidad que no teme al desorden. Desde sus primeras líneas conceptuales, el disco se define como una “declaración de independencia existencial contra la vida vista como un molde prefabricado”. Esa idea no se queda en el plano discursivo. Se traduce en cinco canciones que recorren una experiencia vital marcada por la pérdida, la introspección y la transformación. No hay dramatismo exagerado ni épica impostada. Hay, en cambio, una intimidad que incomoda y acompaña.

El origen: una voz que se construye en el tiempo

Aunque Entrópico Distópico se presenta como un nuevo comienzo, no surge de la nada. El proyecto se sostiene sobre más de una década de trabajo en el oriente antioqueño. Antes de este lanzamiento, Gallego transitó por agrupaciones como Aikas y Pájaro Toh, espacios donde consolidó una relación con el rock alternativo, el grunge y las búsquedas sonoras propias de una generación que creció entre guitarras distorsionadas y preguntas abiertas.

Ese recorrido se percibe en la solidez de su propuesta actual. No se trata de un debut ingenuo, sino de una síntesis. El artista no se presenta como una promesa, sino como alguien que ha decidido decir lo que tiene que decir. En sus propias palabras:

“La música está profundamente conectada con el afán y la necesidad fundamental de querer decir algo o gritarlo”

Entropía y distopía: dos conceptos, una experiencia

El título del EP no funciona como un simple recurso estético. La entropía, entendida como la tendencia al desorden, se convierte en una metáfora del tránsito humano. La distopía, por su parte, señala una realidad que no responde a las expectativas. El cruce de ambos conceptos construye un territorio donde lo cotidiano se vuelve extraño, y lo íntimo adquiere un peso filosófico.

El disco “narra una vida que parece tender al caos, como el principio físico de la entropía, que dispersa la energía y esta se va alejando de su punto de origen”

Sin embargo, ese caos no se presenta como una amenaza, sino como una condición. La vida, sugiere Gallego, no necesita orden para tener sentido. De hecho, el sentido aparece en medio del desorden.

Esta perspectiva conecta con una sensibilidad contemporánea que desconfía de los relatos lineales. En tiempos donde las narrativas de éxito suelen imponerse como norma, Entrópico Distópico propone otra lectura: la de los procesos incompletos, las decisiones inciertas y las pérdidas necesarias.

El EP se compone de cinco piezas que funcionan como estaciones de un mismo recorrido. Cada una aborda un momento específico, pero todas dialogan entre sí.

Nómada”, el focus track, abre el viaje con una ruptura. La canción habla de dejar una relación, pero también de abandonar una idea rígida del destino. No hay resentimiento. Hay aceptación. La canción propone soltar como acto de libertad.

Un lugar común” se sitúa en otro registro. Aquí aparece la contemplación. La historia no avanza, se detiene. El recuerdo se convierte en materia sonora.

Sin tocarte la piel” introduce una dimensión distinta: el deseo. No como posesión, sino como distancia. La fantasía se instala en el espacio de lo imposible.

Samba mal hecha” rompe con la solemnidad. El amor aparece desde la torpeza, desde el intento fallido que, aun así, tiene valor.

Finalmente, “Mixtepec” cierra el ciclo. No como un final absoluto, sino como una despedida que habilita otra etapa.

En conjunto, las canciones trazan una cartografía emocional. No hay una historia lineal, encontramos fragmentos que, al unirse, construyen una experiencia.

Sonido: entre lo orgánico y lo íntimo

En términos sonoros, el disco apuesta por una estética que privilegia la textura sobre el impacto inmediato. Las influencias del soul, el R&B y el neo-soul se mezclan con elementos del rock, pero sin caer en la saturación. Las guitarras no dominan. Acompañan. La batería y el piano asumen un rol central.

El resultado es un sonido que respira, donde no hay exceso de capas ni producción sobrecargada. Cada elemento ocupa su lugar. La música se siente cercana, casi doméstica, pero con una calidad que no sacrifica detalle. Gallego describe este proceso desde una perspectiva autobiográfica:

“Para la creación de este álbum me inspiré en mi propia vida… En ese choque, aprendí a reconocer mis errores, mis desaciertos y también los logros que me permitieron escribir una historia de 10 años en 5 eventos fundamentales”

La portada: un cuerpo que se desvanece

La dimensión visual del proyecto refuerza su propuesta conceptual. La portada muestra una escena aparentemente tranquila, interrumpida por la distorsión. La figura humana pierde definición. Se diluye. El espacio queda marcado por una ausencia.

El elemento central, un mueble vacío, funciona como símbolo. Allí hubo alguien. Ya no está. La imagen no dramatiza la pérdida. La asume. La desaparición no implica tragedia. Implica cambio.

Esta lectura dialoga con el contenido del disco. La identidad no se presenta como algo fijo. Se transforma, se desplaza y a veces se borra.

Una propuesta en diálogo con su tiempo

Entrópico Distópico se inscribe en una escena independiente que busca alternativas frente a la homogeneización sonora. En Colombia, proyectos como los de Diamante Eléctrico u Oh’laville han abierto caminos para propuestas que combinan sensibilidad lírica y exploración musical. Gallego se sitúa en ese territorio, pero con una voz propia.

El artista lo plantea con claridad: su música busca “conectar con personas que reciban este proyecto con el amor que fue concebido”. No hay pretensión de universalidad. Hay una apuesta por la identificación.

En ese sentido, el EP se dirige a quienes habitan la duda. A quienes no encuentran respuestas inmediatas. A quienes reconocen en la incertidumbre una forma de vida.

La otra cara de la moneda

En un momento donde el mainstream define tendencias, la propuesta de Gallego aparece como una alternativa. No en oposición directa, sino en paralelo. “Es la otra cara de la moneda”, afirma el artista.

La frase no busca confrontar. Señala una coexistencia. Mientras ciertos sonidos dominan las plataformas, otros construyen espacios de escucha más íntimos. Entrópico Distópico pertenece a ese segundo grupo. No aspira a ser tendencia. Aspira a ser experiencia.

Escuchar el caos

Hay discos que acompañan momentos específicos. Este EP parece diseñado para esos instantes donde la vida pierde claridad. Una tarde de lluvia. Un trayecto en carro sin destino preciso. Un miércoles que pesa más de lo esperado.

En un contexto cultural que privilegia la certeza, la propuesta de Gabo Gallego se siente necesaria. No porque resuelva el caos, sino porque lo reconoce. Porque lo habita. Porque lo convierte en canción.

Y en ese gesto, quizás, aparece otra forma de sentido.

*Imágenes cortesía de diego Armando Báez Peña

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